02 diciembre 2006
A tu lado
Es sábado. Querría estar tumbada, a tu lado, en la cama. Sintiendo tu respiración en mi cuello, tus brazos alrededor de mi pecho, como hace apenas una hora. Ese momento que tanto he anhelado y que he estado a punto de llevar al clímax en un segundo. Porque deseo tanto volver a sentir ese placer ... Pero no es lo debido. No estaría bien. ¿Y qué es lo debido? ¿Estar aquí, sentada en esta solitaria y aburrida mesa de oficina una mañana de sábado, mientras no paro de pensar en ti? No es el momento. Justamente media hora antes de tener que marcharme a currar, no es el momento de preguntarte qué es lo que haces conmigo. Qué piensas hacer con esos sentimientos que "ni pa'lante ni pa'trás". Que han ido haciéndose más fuertes a la vez que más dudosos, al tiempo que tú dejabas a alguien más entrar en nuestro juego. Un emocionante juego que, durante un tiempo lo dejamos descansar y ahora, parece que está cogiendo nuevamente color. No es el momento de decirte que no sigas tratándome así. Que no quiero que me des más las gracias por estar ahí cuando tú quieres que esté, por responder con una sonrisa a tus bromas cuando estamos entre amigos, y sobretodo, por volver con total educación la mirada, cuando te retiras a casa con alguien que (casi nunca) soy yo. Sin embargo, me das las gracias. Y me abrazas. Y me besas. Con mucho cariño, tanto que no puedo evitarlo. Que te retiro las manos dubitativa, sin saber realmente por qué. Porque lo que quiero son tus manos. Tus caricias. Tus besos. Tus abrazos. Tu calor. Tu olor. Tu mirada. Tu voz. Tu cercanía. Tu encanto. Tu presencia. Siempre, tu presencia. A mi lado.
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